El emprendimiento trabaja en la generación y desarrollo de proyectos innovadores, potenciando especialmente las habilidades sociales de los jóvenes, como el trabajo en equipo, el liderazgo y la tolerancia al fracaso, entre otras.

Para fomentar el emprendimiento, en las aulas se necesita generar un refuerzo de la inteligencia emocional, y de su autoconfianza. Enseñar a establecer y lograr las metas, y desarrollar aptitudes como la empatía y actitudes como el optimismo.

Si buscamos la definición de emprendedor encontraremos lo siguiente: los emprendedores son personas creativas e innovadoras con numerosas y excelentes ideas, pero se necesita tener una actitud de liderazgo y disciplina para convertirlos en proyectos exitosos.

Lo que sí está claro es que son personas que ven oportunidades donde otros no, capaces de tomar riesgos, con tolerancia al fracaso y que confían en sus capacidad de aprendizaje y conocimientos como base de su éxito. Además en casi todos los casos su capacidad de soñar, su motivación y creatividad destacan claramente.

Es necesario iniciar a los niños y familiarizarles con estos conceptos y captar su atención. Porque ser creativo implica saber ver las cosas de manera distinta a lo que consideramos normal o convencional. Significa atreverse a pensar de manera diferente, es dar un paso más, ser innovador llevando a cabo esas ideas a la práctica. Por ello, es preciso enseñar a los alumnos la importancia de aportar sus propias soluciones para situaciones cotidianas, y darles la oportunidad de lanzarse y poner en marcha sus propios proyectos.
 

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