Una invitación a la Humanidad contra la barbarie de la guerra

una invitación a la Humanidad contra la barbarie de la guerra
Como colegio franciscano, reconocemos perfectamente el saludo de «Paz y Bien»; pero no es una simple fórmula sino una declaración de principios e intenciones.
Movidos por los recientes y desoladores acontecimientos que estamos viviendo, ponemos de relieve la importancia de la reflexión profunda como cimentación del aprendizaje, como proclama de nuestras voces, como testimonio de nuestro compromiso. La palabra y el diálogo son las armas más poderosas.
Compartimos el escrito de uno de nuestros docentes: una invitación a la Humanidad contra la barbarie de la guerra.

Manifiesto contra la guerra

 «Te escribo desde un tiempo que está por llegar. No creas que soy Gandalf. Soy un ciudadano del futuro. De un futuro que solo tú puedes hacer real. Quiero hablarte de deseos, de buenos deseos. Quiero hablarte de paz. No me seas resabiado. Perdona mi ingenuidad y si tienes tiempo te ruego que pierdas cinco minutos leyendo.

Escucha el trino de los pájaros. ¿Bucólico?, ¿te gusta? Los pájaros, cuando nacen, tienen marcado el futuro; no depende de ellos. Serán pájaros cantores, carpinteros,… ninguno podrá decidir qué quiere ser. Tú sí.

Los hombres y las mujeres somos lo que hacemos de nosotros mismos. Y aún más, los pájaros no pueden dejar de ser pájaros, nosotros, los seres humanos sí podemos dejar de ser hombres; nos convertimos, a veces, en brutos, en bestias.

Cuando una persona nace se le abre la posibilidad de ascender a lo más alto, a lo más elevado, pero también, ¡ay!, cabe que se degrade, que no sea un ser humano pleno.

Ser ingeniero, ser albañil, ser médico, ser escritor o ferroviario es muy importante, pero nada es tan grande como ser hombre o mujer, así, sin más.

Eso es lo importante. Ese es el examen verdaderamente importante. En él nos lo jugamos todo. Aunque pueda parecer fácil, para ser hombre o mujer en plenitud hay que entrenarse, y mucho.

Los buenos jugadores de futbol como Ronaldo, Mbappé, Messi, Griezmann, Sergio Ramos o Piqué entrenan intensamente para estar en forma, para ser buenos jugadores.

Para ser hombre o mujer en plenitud también hay que entrenarse. Hay que prepararse para ser capaces de afrontar la vida con un estado de ánimo elevado: “con más moral que el Alcoyano.” (El Alcoyano, recuerda Adela Cortina, era un equipo de fútbol que iba perdiendo por trece goles de diferencia, cuando faltaba un minuto para que terminara el partido, y sus jugadores, pese al marcador, pedían al árbitro que descontara el tiempo perdido, porque esperaban remontar el resultado adverso. ¡Eso es moral!)

Un ser humano bueno no es el que simplemente conoce el bien, sino quien lo hace. Y si difícil es conocerlo, a veces, todavía más difícil es hacerlo. Hace falta valor, coraje.

Nos necesitamos unos a otros para vivir y, a la vez, somos muy diferentes. Podemos resolver nuestras diferencias a golpes, con violencia, imponiéndonos por la fuerza unos a otros; pero también podemos resolver nuestras diferencias pacíficamente, en diálogo, razonando, pensando juntos. Lo que pasa es que razonar en serio tiene sus dificultades, lo fácil es darse golpes.

Es lo fácil, sí, pero es estúpido porque con golpes sólo se consigue acabar con las cosas y romper a los hombres. No se resuelve nada, parece que uno se queda tranquilo, se desahoga: Es mentira. Los golpes terminan ahogándonos a todos en el dolor. Un hombre roto es un hombre muerto.

Ya ves, mis buenos deseos no solo están por realizar, sino que exigen mucho trabajo. Te propongo una tarea difícil: que te prepares para hacer realidad las condiciones que hagan posible la utopía de un mundo en paz. Quisiera ficharte, claro. Solo tienes que querer. Pero debes saber que nadie te dará un euro. Al revés, te costará sangre, sudor y lágrimas.  Es un decir, tampoco es para tanto. Además, ni siquiera podrás contar con un entrenador. Solo tú puedes ser tu entrenador.

Hombres como Ghandi o Martín Luther King han sido en este terreno grandes jugadores, y Francisco de Asís, como sabes, también. Otros muchos como Juan Girardi han sido heroicos, aunque son casi unos desconocidos. ¡No hay Cibeles para ellos! A lo peor, ni te suenan sus nombres.

Te parecerá imposible, pero la hazaña de sus vidas fue mucho más heroica de lo que pueda ser la de cualquier equipo o jugador de fútbol. Cuando recibían un golpe, estos grandes jugadores, se lo guardaban, no lo devolvían. Pensaban que, de la misma manera que no se limpia una ciudad tirando desperdicios por las calles, sino recogiéndolos; sólo recogiendo los golpes podemos hacer que, poco a poco, desaparezca de la tierra la violencia que nos inunda.

Solo seres humanos como ellos, como tú, son los que pueden hacer que este río de sangre y de dolor que nos ahoga hoy, algún día,  se transforme y nazca un mundo más justo, más libre, más igual y más fraterno. En definitiva, un mundo más pacífico. Ánimo, pues, entrena, prepárate. También a querer se aprende.

Ese aprendizaje puede llevarnos toda la vida, tenlo en cuenta: no desfallezcas. No temas a nada ni a nadie. Si te equivocas, intenta rectificar. Nunca te entregues ni te apartes, junto al camino nunca digas ¡no puedo más y aquí me quedo! Como dice el poeta José Agustín Goytisolo: “Otros esperan que resistas, que les ayude tu alegría, que les ayude tu canción entre sus canciones”. No temas, ni siquiera, a hacer el ridículo. Cuando uno ya no tiene ni dónde caerse muerto, no teme ni a los fantasmas de sus sueños: las opiniones de un payaso son las opiniones de un hombre libre.

Y en el dolor, llora. También llorar sirve, aunque no sea más que de desahogo, como escribió Miguel de Unamuno. Y sigue: “Lo más santo de un templo es que es el lugar al que se va a llorar en común”, tenlo en cuenta si, con Antonio Machado, crees que no debe desdeñarse consejo que es confesión.

Así que, por favor, no pongas siempre la misma objeción: pero eso ¿para qué sirve?, si no se consigue nada, si la guerra ya está en marcha. Hay gestos que valen porque no valen para nada. En este caso, tu No a la guerra te compromete, nos compromete. Intentemos no sentir demasiada vergüenza de nosotros mismos. Y recuerda que solo se construye la paz, solo se pacifica aquello que verdaderamente se ama»

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Fundación Ana Mogas

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