Cuenta la leyenda, que hace mucho tiempo, en Cataluña habitaba un dragón que tenía atemorizados a todos sus habitantes. El dragón solía sobrevolar las pequeñas poblaciones comiéndose a todo el ganado. Nadie ni nada era capaz de enfrentarse a él y no existía forma de terminar con tanta miseria.

Los animales fueron desapareciendo por culpa del dragón hasta que llegó el punto de que no quedó ninguno y se debía empezar a sacrificar a los humanos para satisfacer los deseos de la bestia.
Para ello, el Rey debía realizar un sorteo en el que todo el pueblo se irían sacrificando uno a uno para mantener estabilizado el apetito del dragón.

Llegó la hora del sorteo y la primera persona que debía ser sacrificada era la Princesa, la hija del Rey. Su majestad el Rey, era un hombre justo con su pueblo y aun estando muy triste ordenó que se la llevaran al lugar donde debía ser entregada al dragón. La princesa, no protestó por muy asustada que estaba y aceptó que el sacrificio era necesario para el pueblo.

Llegó la hora, no parecía haber vuelta atrás, el dragón afiliaba sus colmillos, la presa estaba dispuesta y preparada. Pero en aquel momento, el horizonte, apareció un jinete montado en un precioso caballo, que se dirigía veloz al lugar donde el dragón iba a llevar a cabo el mayor sacrificio que se recordaba en el reinado.

Era el caballero Jordi, un valiente e intrépido guerrero llegado de las tierras del norte, dispuesto a luchar contra el dragón y liberar a la princesa de sus zarpas. La batalla fue cruel, pero al final Jordi, con su lanza, logró llegar al corazón del dragón, que murió desangrado.

De la sangre del dragón creció un rosal, del que Jordi arrancó una rosa y se la regaló a la princesa que acababa de salvar.

Por este motivo, el día 23 de abril se regala rosas y libros entre los enamorados.